Sobre la relación entre creatividad y locura

 

 

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Hoy, afortunadamente, la creatividad está de moda. Y si bien cuando el imaginario colectivo abraza efusivamente algo, suele frivolizarlo, al menos es preferible que estén en boga ciertas tendencias, como la salud alternativa o la creatividad, que otras, como consumir cocaína (aunque está moda parece incaducable entre ciertas tribus).

En años recientes hemos presenciado el boom de conceptos como las “industrias creativas”, bajo la premisa de que la creatividad puede actuar como motor determinante de la economía, o teorías que promueven la necesidad de estimular la naturaleza creativa entre los niños y jóvenes. Cotidianamente nos encontramos con artículos, estudios, y reportajes, que sugieren prácticas para alimentar nuestro pulso creativo, o que alaban la creatividad como una herramienta fundamental en la evolución del ser humano.

¿Sabías que David Lynch recomienda la meditación para potenciar esta ‘aptitud’? ¿O que los sueños pueden proveernos con instrumentos inspiradores para eventualmente fungir como fuente creativa?

¿Qué es la creatividad?

“Tu ego podría obstaculizar tu trabajo. Si comienzas a

creerte tu grandeza, esa será la muerte de tu creatividad.”

 

Marina Abramovic

Antes de definir creatividad, quizá sea prudente hacer una distinción entre dos vertientes principales: la ejercidas desde un ámbito más práctico, por ejemplo, ante la solución de problemas, y que mucho tiene que ver con innovación. Y la que responde más a un arrebato expresivo, existencial, tal vez hasta visceral.

Si bien la creatividad es un concepto evidentemente escurridizo, lo cual en sí nos revela algo de su propia esencia, parece que como bien han advertido algunos creadores, su naturaleza está ligada a la capacidad de relacionar elementos que, culturalmente, parecieran estar separados –esto me recuerda que la paranoia es una modalidad de esquizotipia, que mucho tiene que ver con la ‘alucinación’ relacional de eventos o fenómenos.

En esta misma dirección, Ray Bradbury nos advierte:

El intelecto es un gran peligro para la creatividad… porque comienzas a racionalizar e inventar razones para las cosas, en lugar de quedarte con tu propia verdad básica; quien eres tú, lo que eres tú, lo quieres ser. Por más de veinticinco años y hasta ahora he tenido un signo sobre mi máquina de escribir que lee “¡No pienses!” Nunca debes de pensar estando en la máquina de escribir; debes sentir.

Además de esta detección de interconexiones disimuladas, otra potencial característica del acto creativo es que lejos de una imagen proyectada o una estrategia de vida, la creatividad parece llevarse mucho mejor con una dupla de cualidades: la espontaneidad y la honestidad.

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Recientemente, durante una memorable intervención dentro del marco de Bonus Creative Week Mexico, Jason Horsley, colaborador para este medio y autor de diversos libros, expuso una cautivadora teoría. Básicamente se trata de ubicar la creatividad como eje de un modelo que  depende de nuestra capacidad de ejercer las dos virtudes anteriormente referidas.

La posibilidad de acceder a lo espontáneo, implica el sacudirnos las expectativas sociales e individuales que, generalmente, determinan nuestra conducta y actitudes. Tiene que ver con una ruptura de patrones dominantes, auto-impuestos, que actúan como tajantes limitantes para “ser eso que somos”.

Por otro lado, la honestidad alude a diluir la simulación y la apariencia, evitando enmascarar nuestra identidad con ellas, así como eludir esas nefastas proyecciones que intentan encajar en espacios que nuestro “yo” sociocultural ha elegido para autoreperesentarse en el gran teatro de lo social –efecto que incluso está activo ante nosotros mismos, y que muchas veces nos impide responder la pregunta: ¿quién soy?

De acuerdo con lo anterior, la creatividad no imita, planea, o simula, sino que atiende a un llamado genuino. Inclusive podríamos afirmar que es una fuerza cuya presencia, cuando se manifiesta, es simplemente ineludible.

Creatividad y locura

Más allá de la celebración pop alrededor de la creatividad, lo cierto es que, en muchos casos, el flujo creativo nace en respuesta a una demanda psicológica: actúa como un vehículo para canalizar una cierta ansiedad existencial que debe ser encausada –o de lo contrario podría bien consumirnos.

A lo largo de nuestra historia, la creatividad y la locura son dos presencias que han mantenido un frecuente coqueteo. Esta asociación es más que justificada, pues ambos fenómenos tienen que ver con la ruptura de límites establecidos o preconvenidos. Además, tiene múltiples e ilustres embajadores, basta mencionar a personajes como Van Gogh, el mexicano Martín Ramírez, o la artista japonesa Yayoi Kusama.

Diversos estudios han sugerido la relación entre una personalidad creativa y una mentalmente “inestable”. Aquí podríamos citar, por ejemplo, el análisis del psiquiatra alemán Wilhelm Lang-Eichbaum, que en 1932 comprobó, tras analizar la personalidad de “800 genios”, que éstos tenían una mayor propensión a estados de ánimo alterados. En otro estudio publicado en el Journal of Psychiatric Research, bajo el nombre de “Mental Illness, Suicide, And Creativity: 40-Year Prospective Total Population Study”, se examinó a más de un millón de suecos, asociados con labores creativas, y posteriormente fueron contrastados con el resto de la población. La conclusión es que los profesionistas ligados a labores creativas mostraron un 8% mayor propensión a sufrir desórdenes bipolares, mientras que en el caso de los escritores, la diferencia fue de 121%.

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Recientemente surgió otra ‘prueba’ científica sobre la correspondencia entre locura y creatividad, y parece ser más contundente que cualquiera de sus antecesoras. Un grupo de neurocientíficos de la Universidad de Graz, en Austria, encabezado por Andreas Fink, descubrió una gran similitud entre las frecuencias cerebrales emitidas por personas que sufren algún tipo de esquizotipia, y aquellas que destacaban por su originalidad en pruebas realizadas como parte de la misma investigación:

       El descubrimiento de que la creatividad y la esquizotipia muestran efectos similares a nivel del            cerebro refuerza la idea de que los procesos cognitivos implícitos en la creatividad son                            similares a los que involucra la predisposición psicótica.

El estudio alimenta la teoría de Shelley Carson, investigadora de Harvard y autora del libro Your Creative Brain, quien afirma que la locura y la creatividad comparten un proceso llamado “desinhibición cognitiva”, que se refiere a la incapacidad de excluir información irrelevante, por ejemplo imágenes o ideas, del pensamiento consciente. Esto explicaría por qué este tipo de personas tienden más a la confusión mental o a las alucinaciones, pero paralelamente son más fértiles para permitir el florecimiento de la imaginación, y consecuentemente de la creatividad, pues tienen un menú más rico de ingredientes a partir de los cuales entretejer expresiones o conceptos. O como Carson advirtió en una entrevista:

Tienes más información consciente a tu disposición para combinar y recombinar de forma novedosa y original en el proceso de acuñar ideas creativas.

El concepto de desinhibición cognitiva forma parte de un modelo mayor, en el cual Carson define una “vulnerabilidad compartida” entre una patología mental y una creatividad particularmente desarrollada. De acuerdo con la psicóloga, existen múltiples factores cognitivos que terminarán por definir si esa persona consolida una identidad orientada a la locura, a la creatividad, o se mantiene entre ambos.

Conclusión (la creatividad como un puente entre yo y el caos)

La creatividad requiere del valor para dejar ir nuestras certezas.

-Erich Fromm

Aunque en ciertos casos acentuada, de alguna forma todos tenemos una relativa propensión a ambas, la locura y la creatividad. Y quiero pensar que en alguna medida podemos incidir, mediante decisiones personales o privilegiando ciertos estímulos, en la definición de esta inercia –pensando en favorecer la creatividad sobre la locura, y asumiendo que el pulso que las origina a ambas es relativamente programable.

En este sentido, resulta fundamental practicar el autoconocimiento y detectar cuales son esas hebras que, en nuestro contexto individual, son particularmente fértiles para detonar emisiones creativas. Pero, para lograrlo, se requiere reconocernos con nitidez, ante nosotros mismos y ante los demás –máxima prueba de honestidad–, y confiar en eso que percibimos, o imaginamos percibir, lo cual permitirá la espontaneidad.

La imaginación es tal vez la mayor bondad de la mente humana, pero a pesar de su sinceridad original tiene, como todo, un doble filo. Y creo que el ser tanto honestos, como espontáneos, puede determinar que ese flujo sea conducido a un destino esencialmente creativo, eludiendo así la posibilidad de encallar en la psicosis. A fin de cuentas la fuerza detrás de la locura y de la creatividad, supongo, reside en ese inquieto vacío que da forma a todo lo que conocemos, el caos. Y parece entendible que existan riesgos cada vez que nos aventuramos, sea de manera consciente o no, a extraer de ahí algo de materia prima.

En fin, la creatividad no es tan dulce ni tan ácida como muchas veces hemos creído (en cambio, es siempre genuina)

Fuente

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