Meditación del Caballo Blanco

 

Estás en un  hermoso jardín en el que corre una suave, fresca y pura brisa. El sol te manda rayos cálidos y amorosos que besan tu piel, haciéndote sentir muy a gusto y disfrutando. En el cielo hay muchas y juguetonas nubes, saltando de un lado a otro sin lograr cubrirlo del todo, sólo salpicándolo de blanco.  También hay muchos pájaros volando, cantando, jugando y llamándose unos a otros.

                                                               El verde de la hierba y de los árboles es espléndido y exuberante, abundando también las flores de todas las formas y colores que seas capaz de imaginar. Forman una mullida alfombra multicolor y deleitan todos tus sentidos: especialmente la vista, el olfato y el tacto.

                                                                En ese jardín hay alguien que te espera, alguien con mucha fuerza y también con mucha paciencia y calma. ¿Quién será? Comienza a andar por la parte del jardín que más te guste, llega hasta el viejo y sabio árbol que hay al final y mira al otro lado. Tal vez está jugando contigo al escondite, mira tan rápido como puedas por el otro lado del árbol.

                                                               ¿Ya lo has visto? ¡Lo encontraste, ahí está frente a ti! Un gran caballo blanco está esperando para darte un abrazo tan grande como él mismo. Es alto y hermoso, con una piel tan suave que parece de terciopelo y una cola tan larga que casi llega hasta la tierra. ¿Te apetece montarlo y darle un abrazo tan grande como el que él te ha dado a ti? Hazlo y así sabrás qué pasa. Notarás muchas sensaciones y sentimientos diferentes: el calor de su piel en la tuya, la suavidad de su pelo, la majestuosidad de su porte, la belleza de su cola moviéndose con el viento, la alegría de montarlo y tocarlo, la libertad de sus movimientos y de los tuyos y un sinfín de cosas más que sólo tú puedes sentir.

                                                              A este caballo le encantan l@s niñ@s, a quienes encuentra muy parecid@s a sí mismo, aunque no sabe muy bien por qué. Camináis pausadamente por el sendero, disfrutando del paisaje y de la mutua compañía. Al cabo de un rato, se detiene para comer un poco de hierba fresca y te ofrece un poco para que comas, ¿te atreves a probarla?, ¿te gusta?, ¿a qué sabe? 

                                                              El caballo tiene muchas cosas bonitas que contarte. Seguramente te dirá dónde ha dejado a la señora yegua y a sus potrillos: un hermoso caballito azul y una bella yegua del color del arco iris. Quiere que conozcas a su familia y que juegues con ellos, así que te guía por un camino que aún no has recorrido y que llega hasta su casa. Los árboles que os encontráis se inclinan a vuestro paso, saludándoos y dándoos la bienvenida con un ligero murmullo; las piedras del camino se apartan para que no haya tropiezos ni obstáculos y los pájaros pían entonando una suave y bella melodía.

Por fin llegáis al lugar y allí, enfrente de ti, hay una enorme explanada rodeada de árboles y plantas, en la que saltan sin parar los potrillos, mientras su madre prepara una deliciosa y suculenta comida, que te invitan gustosos a compartir.  Bajas del caballo blanco, quien amable y elegantemente hace las presentaciones, y te vas corriendo a jugar con sus hijos, que te reciben encantados y te enseñan un montón de juegos y secretos del bosque y de sus habitantes. Tú también les cuentas cosas de tu jardín, de tu casa, de tus amig@s, de ti mism@ y os comprendéis enseguida, como si os conocierais desde siempre.

Tras la comida, la diversión y la charla debes volver a tu casa, ya que está empezando a anochecer y no quieres que tus padres se asusten ni se preocupen por tu ausencia. Se lo dices al caballo, quien se ofrece gustoso a acompañarte, y te despides de toda la familia, prometiendo volver a menudo porque has disfrutado y aprendido mucho con ellos. Te subes a su grupa y en un santiamén, como por arte de magia, ya estás de nuevo tumbada en tu jardín, admirando todo lo que hay a tu alrededor y dando las gracias por ello, además de agradecer la magnífica tarde que has pasado. Te despides de los árboles, de la hierba, de las flores, de los pájaros… hasta el día siguiente y corres presurosa hacia tu casa para contarle a tus padres tu aventura, pensando por el camino lo que le vas a decir. ¿Qué será?

No olvides que a ese jardín así como a cualquier otro lugar, o encontrarte con el caballo blanco, con su familia o con quién tú desees es posible siempre, puedes ir o encontrarte con ellos cuando quieras, cada vez que necesites fuerza, ánimo, tranquilidad, seguridad, energía, protección o simplemente recuperarte por algo doloroso o desagradable que te haya pasado o que tu hayas causado a alguna persona, quererte, sentirte libre o, simplemente: disfrutar con la alegría de la vida que hay dentro de ti y de la que formas parte. Que así sea.

Archivo personal de meditaciones

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s